El colegio de consultores le dijo al obispo que aquella iglesia «no llena las exigencias canónicas». Hoy recibe a cientos de peregrinos
Casi nunca se conserva la carta en la que unos asesores le dicen al jefe que se está equivocando. De la Parroquia El Señor del Calvario, en San Miguel, El Salvador, sí se conserva.
El plan
En 1916, el obispo Juan Antonino Dueñas y Argumedo llevaba dos años al frente de la recién nacida diócesis de San Miguel, y ya había visitado todas sus parroquias — unas dieciséis.
Con lo que vio, propuso dividir la diócesis en siete vicarías y crear cuatro parroquias nuevas. Una de ellas sería la del barrio El Calvario, donde había una ermita en malas condiciones, cuyas paredes eran muy pequeñas para la cantidad de feligreses.
La respuesta
La propuesta pasó al colegio de consultores: cuatro sacerdotes de experiencia pastoral y conocimientos canónicos, cuyo trabajo era justamente ese, opinar.
Y opinaron. Con respeto, y sin ahorrarse nada:
> «*Respecto a la Parroquia El Calvario en San Miguel, dudamos mucho, ya que el cura que tenga ahí para la compra o sustentación será pobre en la parroquia*»
> «*Como la Iglesia El Calvario, inservible por cierto, con sus diminutas dimensiones, solo vista a unas solas cuadras de la central, no llena las exigencias canónicas, y la otra que ahí se construyera sería lo mismo*»
> «*Quizá sería esperar un tiempo más la creación de esta parroquia, hasta que cuente o pueda llenar los requisitos canónicos de la iglesia*»
Tres objeciones concretas: que el párroco pasaría necesidad, que estaba a unas pocas cuadras de la catedral, y que la iglesia era inservible.
Lo que pasó después
El consejo de consultores le aprueba muchas cosas al obispo Dueñas y le hace ver que él tiene la última palabra.
Y el obispo siguió adelante. El decreto de fundación se firmó el 13 de noviembre de 1916.
El 6 de enero de 1921, el obispo tomó el Santísimo Sacramento y, acompañado de los sacerdotes de la curia, de la Banda Regimental y de algunas personalidades de la ciudad, partió desde la catedral hacia la Capilla del Señor del Calvario para erigir la parroquia.
Ese mismo año, las hermanas María Dolores —«las Lolas»— plantaron el único árbol de Flor Blanca que existe en San Miguel en una esquina frente a la iglesia, para recordar el inicio de la construcción.
Treinta y un años de obra
La construcción se extendió desde 1921 hasta 1952.
El obispo la empujó como pudo: donó mil colones de parte de la curia para animar el comienzo, aunque a la vez se estaba levantando la catedral; y en 1930 prometió regalar la mesa del altar, que mandó construir en Italia, en el taller Arillini.
Al hacerlo dijo la frase por la que se le recuerda:
> «*Sea vuestra fe firme y duradera como este mármol, y con su sentida blancura la pureza y santidad de vuestra alma*»
Cómo está hoy
Es un icono importante de la fe católica migueleña, y por décadas el templo ha recibido a centenares de peregrinos.
Ha sufrido grandes daños por el paso del tiempo y ha tenido que ser intervenido muchas veces; la última restauración empezó en julio de 2021 y concluyó en abril de 2022.
Cien años después, la parroquia que sus propios asesores desaconsejaron sigue abierta.
Fuentes:
- Wikipedia en español — «Iglesia El Calvario (San Miguel)», consultada el 3 de septiembre de 2026
- Wikipedia en español — «Iglesia El Calvario (San Miguel)», consultada el 3 de septiembre de 2026
- Wikimedia Commons — fotografía del atrio del templo (CC BY-SA 4.0), consultada el 3 de septiembre de 2026
