Les demolieron su iglesia en 1903, y la reconstruyeron gratis con sus propias manos

por La Santa Biblia 3 minutos de lectura

En el Largo do Paiçandu, en pleno centro de São Paulo, hay una iglesia con una historia que se resume en una sola frase de la fuente:

«Fue construida gratuitamente por trabajadores negros a comienzos del siglo XX.»

Lo que pasó

La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de los Hombres Negros no estaba ahí.

Estaba en la Praça Antônio Prado, donde se construyó entre 1721 y 1722. Era un espacio de reunión de negros y esclavos, que celebraban ritos católicos mezclados con creencias de origen bantú.

Y llegó la ciudad moderna: con el proceso de urbanización iniciado por el alcalde Antônio Prado, la antigua iglesia fue demolida en 1903.

La comunidad la reconstruyó donde está hoy. La nueva iglesia se consagró en 1906, y aquel día una gran procesión acompañada por una banda trasladó las imágenes del antiguo templo.

Dos siglos de iglesia derribados por un plan urbanístico, y tres años después la misma gente la tenía otra vez en pie, sin cobrar por ello.

Por qué existían estas iglesias

Para entender la historia hay que saber qué eran las hermandades de hombres negros, y la fuente lo explica sin adornos.

Surgieron en la América colonial, en el periodo esclavista, como forma de socialización, resistencia y cooperación entre esclavos y libertos.

No eran cofradías devocionales sin más: eran la única forma legal de asociación al alcance de la gente esclavizada. Servían para juntar dinero, para enterrar a los suyos con dignidad y, muchas veces, para comprar la libertad de sus miembros.

Por qué el Rosario, y no otra devoción

La figura de la Madre de Dios, representada por el rosario, destacó fuertemente en los cultos de estas hermandades, y hubo dos razones:

1. La catequización de los esclavos sobre la importancia de la Virgen María, que los portugueses venían haciendo desde las costas africanas.

2. La adopción comunitaria de un único santo —el patrono—, que sostenía un culto típicamente bantú en torno a un ancestro común.

Es decir: el Rosario funcionaba en los dos sentidos a la vez — como la catequesis que se les imponía y como la forma reconocible de una tradición propia.

Hermandades pobres que compartían el templo

Estas asociaciones eran en general muy pobres y no tenían posesiones territoriales, así que era muy común que varias compartieran el mismo edificio.

La mayor y más destacada era la Hermandad de Santa Ifigenia —una princesa nubia catequizada—, que quedó a cargo de otras agrupaciones menores. De hecho, la Iglesia del Rosario de los Hombres Negros se considera hoy una capilla dependiente de la parroquia de Santa Ifigenia.

Dónde está

En el Largo do Paiçandu, región central de São Paulo. Es bien declarado patrimonio por el Conpresp, el consejo municipal de patrimonio de la ciudad.

Fuentes:

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