El Altar de Oro de Panamá y la leyenda que sus propios estudios desmienten

por La Santa Biblia 3 minutos de lectura

En el Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá hay un altar cubierto de pan de oro que es uno de los tesoros coloniales más importantes del país. Y viene con una historia que se cuenta en todas las visitas guiadas.

Es una gran historia. Y los estudios sobre el propio altar dicen que no pudo ocurrir.

La leyenda

Se cuenta que, cuando Henry Morgan iba a saquear Panamá, los agustinos recoletos de Panamá Viejo cubrieron el altar de barro para que el pirata lo tomara por un mueble viejo sin valor y lo dejara pasar.

El saqueo de Morgan fue en 1671, y arrasó la ciudad.

Lo que dicen los estudios

La fuente lo dice sin rodeos: los estudios realizados sobre este altar contradicen la leyenda, porque su origen se ha datado en el siglo XVIII.

Es decir: el altar es posterior al ataque de Morgan. En 1671 todavía no existía. No pudo esconderse de nadie.

Por qué contarlo igual

Porque quien visite la iglesia va a oír la leyenda, y merece saber las dos cosas.

Y porque lo que sí es cierto es igual de bueno: esta edificación se salvó del incendio de 1671, y por eso se trasladó parte del antiguo convento a la nueva Ciudad de Panamá cuando la ciudad entera se mudó al Casco Antiguo.

El altar que hoy se ve es barroco, con influencias indígenas y coloniales, y originalmente era de madera cubierta de pan de oro.

La iglesia

En el siglo XVII, el obispo fray Agustín de Carvajal autorizó la instalación del convento de San José, regentado por la Orden de los Agustinos Recoletos, fundado el 15 de abril de 1612.

La iglesia nueva se construyó entre 1671 y 1677, después del ataque, siguiendo las mismas dimensiones de la que existió en la vieja Ciudad de Panamá.

Tiene una torre en el lado izquierdo, maciza en relación con su fachada, y dentro tres naves, con la central coronada por una bóveda con cielorraso de madera, hoy cubierto por uno de metal.

Y un apunte que la fuente hace y que conviene no esconder: el templo ha sido totalmente desvirtuado; las paredes fueron repelladas y pintadas de blanco. Lo que impresiona de San José está dentro, no fuera.

Fuentes:

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